Santa Hildegarda

La Protectora

Una presencia que acompaña incluso cuando no la vemos.

La Protectora

Una obra para recordar que nunca caminamos solos.

La Protectora nació de una distinción que costó encontrar: la que separa apartar la dificultad de no dejar solo a quien la atraviesa. Quisimos una pieza que no prometiera lo primero.

Aquí no se cambió de hilo. El rojo es el más común de la casa —el que acompaña obras que no se parecen en nada— y esta obra se quedó en él a propósito: una compañía que necesita un color raro para hacerse notar ya no es del todo compañía.

La misma decisión que el color, en el hilo: el plano es el tejido más repetido de la casa y aquí no se cambió por otro. Una obra que habla de acompañar no puede pedir que se la mire a ella; el cordón se comporta como lo que promete.

¿Quién ha sido compañía silenciosa en un momento difícil de tu vida?