Quedarse también es un oficio.
Para quien sostiene lo que eligió cuando ya no es nuevo.
Elegir es fácil el primer día. Esta obra nació del segundo año: cuando lo elegido ya no sorprende y quedarse deja de ser un impulso para volverse un oficio.
Sale del mismo cordón que La Paciencia — rosa que se vuelve marfil sin costura—, y eso no es economía de material: es el argumento. Cambiar y quedarse se cuentan aquí con el mismo hilo porque no son cosas contrarias.
La alondra es el único nudo de la casa que no se ata a sí mismo: se ata a otra cosa. Es con lo que se monta el trabajo sobre su soporte antes de tejer nada — el primer gesto, el que decide de qué va a colgar todo lo demás. En una obra sobre permanecer, el tejido tenía que ser el que agarra.
¿A qué sigues atado por decisión y no por costumbre?