El único que no se ata a sí mismo. El cordón se dobla, pasa por el aro o la barra y se aprieta sobre su propia vuelta: cuanto más se tira, más agarra.
Es el nudo con el que se monta el macramé — el primero que se hace, antes de tejer nada, para fijar los hilos a su soporte. En el mar se conoce como ballestrinque de anilla y se ha usado siempre para lo mismo: amarrar un cabo a algo que no es el cabo.
Para obras que hablan de sostener algo que está fuera de uno. Aquí el tejido no se sujeta solo: depende de aquello a lo que se agarró primero.