Un pueblo no nace de parecerse.
Para recordar que lo que nos une no es ser iguales, sino volvernos hacia un mismo centro.
El Encuentro nació de una idea incómoda: que lo que une a dos personas no es cuánto se parecen, sino hacia dónde miran las dos.
En esta obra la cruz no acompaña: es lo que hay que ver. Cualquier color con carácter propio habría competido con ella. El champán fue el único que se apartaba — aclara el conjunto y deja el brillo del lado del metal.
Aquí la cruz tenía que quedarse con el centro entero. El festón es el único tejido que trabaja en el borde: levanta una barra firme a lo largo del cordón y deja el medio libre. No compite por el sitio — lo prepara.
¿Con quién no te pareces en casi nada y aun así miran hacia lo mismo?