El mismo festón —medias vueltas dadas siempre sobre el mismo hilo guía— trabajado con más holgura, de modo que la onda deja de ser el borde y pasa a ser la forma del cordón entero: sube y baja a lo largo de toda la pieza.
No hay aquí un nudo nuevo, hay una tensión distinta. Es el festón de siempre hecho con más aire, y en macramé se reconoce por el efecto y no por el gesto.
Para obras que hablan de soltar. Un tejido recto sostiene; éste ya se relajó.