Santa Hildegarda

La Paciencia

Nadie puede señalar el día en que cambió.

La Paciencia

Para lo que tarda tanto en cambiar que no se ve cambiar.

Casi nada de lo que de verdad cambia en una persona ocurre un martes concreto. Esta obra nació de esa clase de cambio: el que solo se reconoce mirando atrás, cuando ya no queda nadie a quien avisar de que empezó.

Es el primer hilo de la casa que no tiene un color sino dos, y ninguno empieza en un sitio: el rosa se va volviendo marfil a lo largo del cordón sin que exista el punto donde deja de ser rosa. La Esperanza lleva un rosa con cuerpo, que no se ablanda al trenzarse, porque esperar no es dulce. Aquí el rosa sí se aclara, y ésa es la decisión — esta obra no acompaña una espera, acompaña un cambio.

El serpiente avanza en curvas que no se interrumpen. Sobre un hilo que va perdiendo color, ese giro continuo es lo que impide que el cambio parezca un corte: cada vuelta sale un poco más clara que la anterior, y ninguna es la primera.

¿Qué cambió en ti sin que te dieras cuenta?