Santa Hildegarda

La Custodia

Cuidar, cada día, aquello que da sentido.

La Custodia

Para quien tiene algo que quiere cuidar y prefiere llevarlo cerca, cada día.

Cuidar no es un sentimiento: es una lista corta que hay que renovar cada día. Esta obra nació para quien ya hizo esa lista y no quiere que se le olvide.

El signo de la casa no se eligió: estaba desde el principio. Lo que hubo que decidir fue dónde. Esta obra nació de la custodia —de tener cerca aquello que uno ha decidido cuidar—, y de todos los lugares posibles solo hay uno donde el cuidado ocurre de verdad: las manos. Por eso es pulsera, y no otra cosa.

Aquí el color no es lo primero: la obra lleva el nombre de su piedra. Entre cuenta y cuenta de ónix, un tono claro habría partido la línea en tramos sueltos. El azul es lo bastante hondo para no interrumpir el negro y lo bastante vivo para que el tejido siga viéndose tejido.

El ónix da nombre a la obra, así que el tejido tenía que caber entre las cuentas sin disputarles nada. El franciscano se teje corto y parejo: aquí no forma un cordón continuo, sino tramos que separan una piedra de la siguiente.

¿Qué es eso que cuidas cada día sin que nadie lo note?