Un azul que no llega a marino ni se queda en celeste de cielo. En el hilo pierde intensidad a medida que uno se aleja: de cerca se distingue el color, a distancia queda una claridad fría, casi gris.
El color de lo que se hace de día tras día. No anuncia nada y no se cansa de mirarse — por eso acompaña bien a las obras que hablan de sostener algo largo.