El signo que la nombra no es un emblema histórico suyo: es una flor de luz que el Atelier creó para honrarla, evocando ese verdor de la creación que ella contempló, reunido hacia un centro. La asociación visual es nuestra; el concepto, suyo.
Hildegarda de Bingen (1098–1179), abadesa benedictina en el Rupertsberg, junto a Bingen. Escribió sus visiones en el Scivias —«conoce los caminos»— y describió el mundo natural, incluidas las piedras, en su Physica: el libro que está en la raíz de este Canon. En su obra, el verdor —viriditas— expresa la vitalidad que atraviesa la creación. La Iglesia la reconoció Doctora de la Iglesia en 2012.
Santa Hildegarda no preside desde lo alto. Permanece en la raíz, recordando que todo lo que aquí se contempla —cada piedra, cada símbolo— nació de una mujer que aprendió a mirar la creación como algo vivo.