Santa Hildegarda

San Benito

La tradición ha visto en la Cruz de San Benito una invitación a permanecer junto a aquello que merece ser cuidado y a conservar la paz del corazón en medio de la inquietud.

San Benito de Nursia dio a Occidente su Regla y el ritmo del «ora et labora». En su memoria, la tradición benedictina conservó una cruz cuyo diseño quedó fijado en la medalla jubilar de Montecassino. Alrededor de ella aparecen las iniciales de Crux Sancti Patris Benedicti; sobre sus brazos, las invocaciones «Que la Santa Cruz sea mi luz» y «Que el dragón no sea mi guía»; y, coronándolo todo, una sola palabra: PAX.

Desde hace siglos la tradición cristiana la contempla como un sacramental asociado a la oración, al amparo espiritual y a la paz interior, nunca como un objeto al que se atribuya un poder propio.

La Cruz de San Benito no ocupa el lugar de quien la lleva. Permanece en silencio, recordando que la paz no nace de aquello que se posee, sino del camino que cada persona decide recorrer.