Santa Hildegarda

María Auxiliadora

El auxilio, en el lenguaje de la tradición, no es rescate: es acudir junto a quien sigue en pie. Por eso se la invocó en medio de la dificultad, y no para que la dificultad desapareciera.

El título de María Auxiliadora hunde sus raíces en la antigua invocación cristiana Auxilium Christianorum («Auxilio de los cristianos»), difundida desde los primeros siglos y consolidada por la Iglesia tras diversas circunstancias históricas. San Juan Bosco propagó especialmente esta advocación, confiando a María el cuidado espiritual de los jóvenes y de quienes buscaban vivir el Evangelio con alegría. La tradición cristiana no contempla a María Auxiliadora como sustituta de la acción de Dios, sino como una madre que sostiene, anima y orienta hacia Cristo en las necesidades de la vida.

El suyo es el nombre que le puso quien pedía ayuda, y la advocación que Don Bosco confió a los que estaban empezando. El Atelier la lleva cuando las fuerzas no faltan por debilidad, sino porque todavía no se han terminado de encontrar.