El cuarzo blanco no aparece en los escritos de Santa Hildegarda. La tradición ha visto en su luz serena y velada una invitación a la contemplación: no a desvelarlo todo de inmediato, sino a dejar que la realidad se muestre por sí misma.
Luz velada, como la niebla que aún no se ha abierto.
El cuarzo blanco no despeja todas las dudas. Acompaña a quien decide permanecer ante ellas con paciencia hasta que el camino se haga más claro.
Para quienes desean detenerse antes de sacar conclusiones, permanecer en silencio ante aquello que aún no comprenden o aprender a esperar sin exigir que todas las respuestas lleguen de inmediato.