El cuarzo ahumado no aparece en los escritos de Santa Hildegarda. La tradición ha visto en su tono sereno una imagen de la paciencia: lo que se oscurece despacio no admite prisa.
Penumbra cálida que la tierra fue posando sin prisa.
El cuarzo ahumado no acelera los tiempos. Acompaña a quien decide conceder a cada paso el tiempo que necesita para madurar.
A quienes desean respetar el tiempo que requiere una decisión, una reconciliación, un aprendizaje o una obra que todavía está creciendo.