Hildegarda la asociaba al cuidado del rostro. El Atelier la asocia —como lectura propia— con la serenidad.
Un violeta sereno nacido de la paciencia de la tierra.
La amatista no aparta el ruido del mundo. Acompaña a quien desea que ese ruido no le aparte de sí mismo.
A quienes desean conservar un corazón sereno en medio del ruido, afrontar las preocupaciones con sosiego o encontrar un espacio de silencio en la vida cotidiana.