Santa Hildegarda

Astrenza

Astrenza / (Aristolochia longa) es caliente, ² y sirve contra las fiebres. ³ Pues quien tenga fiebre, de cualquier clase que sea, tome Astrenza, macháquela moderadamente y, una vez machacada o triturada, llene con ella medio piccarium; ⁴ vierta entonces buen vino en el piccarium hasta arriba sobre la misma Astrenza, ⁵ déjela reposar así con el vino durante la noche, añádale de nuevo vino por la mañana y bébala en ayunas; haga esto durante tres o cinco días y sanará, ⁶ porque el calor de Aristolochia longa, templado con el calor del vino mientras se conserva durante la noche, se mezcla tanto mejor con el vino y, tomado en la bebida, ahuyenta también las fiebres.

⁷ Pero quien no pueda digerir la comida ingerida, tome jugo de Aristolochia longa por el peso de dos monedas, jugo de bibenelle por el peso de una moneda, jugo de citocatie por el peso de un óbolo y jengibre del mismo peso, y mezcle harina semejante con estos jugos; haga tortellos del ancho de una moneda, pero algo espesos, y cuézalos al sol o en un horno ya casi frío. Y ese hombre que está enfermo del modo dicho, si está caliente por dentro, de modo que la comida se ha quemado en él, tome por la mañana en ayunas uno de estos tortellos; o, si está frío por dentro, de modo que la comida se ha congelado y comprimido por el frío, tome por la mañana en ayunas dos o tres tortellos. Y el alimento que coma primero después ha de ser caldo o un pequeño sorbo; después, otros alimentos buenos y suaves, y haga esto hasta que se sienta liberado en el estómago. ⁸ Pues el calor de Aristolochia longa, que es algo agudo y fuerte, mueve los humores malos, templado con la frialdad de bibenelle; el calor del jengibre los disuelve y la frialdad de citocatie los expulsa rápidamente; la harina, en cambio, fortalece el estómago para que no sea dañado por ellos. Y como todas estas cosas se cuecen al sol, su calor es sano y, dadas al hombre doliente como se ha dicho, purgan su estómago.