Santa Hildegarda

El Arraigo

Todo lo que sostiene empieza en la raíz.

El Arraigo

Para caminar sin olvidar de dónde nace lo vivo.

Casi todo lo que sostiene una vida queda detrás y deja de mirarse: de dónde se viene, quién enseñó, lo que ya se da por sabido. Esta obra nació de ahí — de lo poco que se agradece aquello que no se ve.

Todas las demás piezas de la casa se llevan donde se ven. Esta nació de la pregunta contraria: qué pasa si el signo se lleva donde casi nunca se mira. En el tobillo deja de ser emblema —ya no anuncia nada— y se vuelve raíz: está donde el cuerpo toca la tierra, sosteniendo lo demás sin pedir atención.

Sobre piel al sol y sobre hierba, el beige se retira de la escena: a un metro ya no se distingue del tobillo que lo rodea. Es el único de los cuatro que no añade un color propio —repite el de la piel—, y por eso todo el peso queda del lado del oro.

En el tobillo casi no hay nada que mirar, y aun así el cordón no es liso: el tejido serpiente lo llena de curvas. Como el blanco no aporta color, de cerca lo único que se ve es relieve — la obra guarda su detalle para quien se agacha.

¿De dónde viene lo que hoy te sostiene?